CRÓNICA DE UN AMANECER NEGRO

TESTIMONIO, de una familia que vivió la masacre en Villas de Salvárcar

Cd Juárez, Chihuahua, México

 Enero, 31 de 2010

“Hay momentos, casi diarios, en que aun despierto imagino y recreo una y otra vez aquel infernal mar de rostros con muecas recientes: de susto, asombro, terror, espanto, y la tristeza que se aparece ante la muerte que precipita la partida en medio de la juventud. Recorro la calle Villa del Portal, y las ráfagas asesinas embotan mis sentidos, como si jamás hubiesen llegado a su perverso destino; y como aquella madrugada tortuosa me quedo perdido en el espacio de mi mente, buscando desesperado las imágenes de los jóvenes sonrientes, que celebrando la vida fueron sorprendidos por la muerte.

Y es que todo aquí se vistió de negro para siempre y en cada hogar donde desde hace 7 años reposa una cruz en reemplazo de un hijo, las lágrimas no se han secado. Las mentes de los jóvenes que van y vienen desde entonces en estos espacios manchados de sangre, vagan entre la esperanza y el miedo.

Era mi cumpleaños, como olvidar ese día; ese 30 al amanecer del 31 de enero de 2010, ese momento que perpetuó el sabor a muerte en miles de personas que no comprendemos aún, el porqué es tan fácil terminar con proyectos de vida,  sueños y anhelos de muchachos que trabajando y estudiando al tiempo, desafiaban una vez más la adversidad. Es que los juarenses desde que nacemos, las difíciles condiciones de la geografía van moldeando nuestro carácter, sumándose la contaminación industrial patrocinada por vecinos que impulsados por la ambición nos esclavizan sin remedio a cambio de miserables salarios que nunca compensarán el deterioro de la salud incluso mental.

Entre 15 y 20 años, 17 muertos y  más de 12 heridos por los escuadrones de la muerte. Hoy bien sabido es que ninguno de estos jóvenes que murieron en la masacre, en Villas de Salvácar tenía vínculos con el grupo delictivo Artistas Asesinos —ligado con el cártel de Sinaloa—, confirmado por el vocero de la Operación Coordinada Chihuahua, Enrique Torres Valadez.

La procuradora de Justicia, Patricia González Rodríguez, se pronunció en este mismo sentido, al afirmar que los estudiantes fallecidos en la masacre fueron víctimas circunstanciales, sin ninguna relación con el trasiego de drogas; contrario a lo declarado por el presidente Felipe Calderón, quien dijo que se había tratado de una simple rivalidad entre dos bandas de jóvenes delincuentes.

“Todas las investigaciones indican claramente que eran jóvenes inocentes”, dijo la procuradora.

EL TESTIMONIO DE UN PADRE

Al igual que cualquier habitante de Villas de Salvárcar, con  mi familia, amigos y sanas rutinas como la lectura, caminar entre la gente, recorrer parques y contemplar la naturaleza en su máximo esplendor a través de los ojos de un perro callejero, que al sentir mi mano sobre su viejo lomo mece su cola, creyendo recuperar el amo perdido.  Por medio de los compasivos rayos del sol, que recuperan la vida en los árboles moribundos víctimas de la reciente helada, y, sin duda, a través de la dicha enorme de ver crecer cada día a mi hija Aleska, mi regalo de la vida; mi recompensa a la lucha diaria por un mejor futuro para quienes integran mi familia cercana, ajustándose con una hermana que sumergida en la melancolía hoy deambula por la casa. Ya víctima de su depresión, recibe este impacto que noquea su psiquis y la de quién como ella no gozara de plena salud mental, aquella noche de espanto, deja un abismo infranqueable entre lo que podría llamarse vida saludable y tranquila.

ESE DIA…

Enero 30, 2010

Me gustan más los días de sol que los fríos o nublados, es por eso que este día, lleno de nubes oscuras en el cielo que parecen anunciar la muerte; prefiero estar en casa, escuchando música, viendo una película o leyendo. Aunque hoy recuerde mi nacimiento.

Pero lo impredecible se esconde bajo la máscara invisible del terror para mostrar su rostro inesperado, tan oscuro como el peor relato de un fantasma negro.

Escucho tocar a la puerta, y taza de café en mano me dirijo hacia el encuentro, ¡ho! sorpresa, mis amigos y vecinos Jesús e Ignacio, que me felicitan e invitan para celebrar mi cumpleaños. No quiero renunciar a este momento de disfrute en soledad, pienso en no aceptar; pero sería falta de cortesía, por lo que abrigándome los acompaño.

Entre risas y acostumbradas bromas, abordamos el vehículo para ir hasta el centro comercial por lo necesario para la imprevista reunión. Es ya normal para nosotros ver al pasar por el hospital 66 trocas con policías federales en procura de evitar las acciones de los sicarios, quienes en no pocas ocasiones han entrado a rematar a sobrevivientes de atentados criminales. Desde dos años atrás, ver militares y policías federales patrullar las calles en sus vehículos artillados, nos hace vivir una percepción de guerra; en su inicio causó malestar en algunos y aceptación en gran mayoría de juarenses, conscientes de toda clase de actos delincuenciales: robos, extorsiones, desapariciones de personas y asesinatos, un verdadero caos en torno a la comunidad que vive el impredecible mañana con no poca angustia.

Y así pasamos la velada entre bromas y recuerdos de cuando nos conocimos. No faltó la jugarreta de cartas y una buena cena. Gratas horas que ocultaban inesperados  devenires.

Cercana ya la media noche de regreso a casa, agradecido con mis amigos por recordar mi cumpleaños, encuentro a mi hermana, me esperaba despierta como si presintiera algo inusual.

-¿Y  Aleska?, -le pregunté

Mi hija acostumbrada a regresar no pasadas las 10 de la noche aún no estaba en su cuarto.

– No está -contestó con la timidez propia de quien obró en contra de las reglas.

– Es que vino con Juanita y Camila, que si la dejaba estar otro rato en la fiesta, que se estaban divirtiendo -dijo mi hermana mientras juntaba las manos en señal de preocupación, sabe que soy estricto con el cuidado hacia mi hija.

-¡Pero bien sabes que no me gusta que ande fuera después de las 10 de la noche! -respondí con acento de disgusto y preocupación.

-Andan muchos en la fiesta, ahorita fui a dar una vuelta y se mira bien todo -Contestó ella con un tono de seguridad que me dejó algo tranquilo.

– Ya pues, solo que no vuelva a pasar, yo soy el que tengo que decidir y Aleska bien lo sabe -dije al final.

Me dirigí hacia mi habitación, no sin antes escoger un libro como es costumbre, es mi hora preferida para la lectura; sin embargo entre las páginas, las historias que se aparecía una y otra vez eran las protagonizadas por mi hija. Como si mi corazón de padre me avisara el rostro de las sombras que amenazante colocara sus ojos sobre ella; reviví días y  horas anteriores:

En primer lugar llega la mañana de este día:

Estoy contento, como cada vez que llega el fin de semana, ella está conmigo. Sonrío al verla tan ansiosa de que lleguemos a casa y me asalta la incertidumbre, me pregunto ¿qué planes tendrá?

Por fin llegamos y de reojo veo que busca yo sé a quién con su mirada apresurada, fue a la recámara y de su bolsa sacó tantas cosas que ningún hombre podríamos imaginar que cabrían, y mirándome a través del espejo, con esa sonrisa que ella bien sabe que me desarma, preguntó ¿me dejas ir a una fiesta a la vuelta?

Como estoy seguro que todos los padres lo hacemos, intento oponerme dando las mejores excusas que se me ocurrieron: que la violencia, qué el frío, que hasta que horas regresaría… cuando más persuasivo me sentía usando las manos para reforzar mi negativa, entró mi hermana en su defensa; con argumentos que mi hija aprobaba con la cabeza: que la dejara ir, que era joven, que se tenía que divertir; que incluso más temprano ya habían ido dos amiguitas hasta arregladas, a preguntar si Aleska iría a la fiesta.

Quedé desarmado por completo, sin motivos para negar el permiso, aunque mi corazón de padre seguía sobresaltado. Recordé que mi Aleska con esas mismas compañeras dormía en la sala con sus muñecas y sus sueños de ser grandes.

Como recreando fábulas e historias de mi querida Aleska, con el libro abierto entre mis manos; traje a mi mente un aparte donde además interviene un gran amigo, persona sensible y humana con una capacidad de sobreponerse a la adversidad sin perder la luz de su rostro alegre.

Pablo, mi amigo a quien la vida trajo a Ciudad Juárez, originario de Durango, dentista de profesión, admiro su solidaridad con la gente. A veces le miro sus labios blancos y secos por falta de pacientes que le puedan pagar una consulta, aun así siempre alegre. Y en esa tarde que me llega como si fuera hoy, en que nos juntamos en el patio de su casa para compartir algunas cervezas, y como estando allí, veo que se acerca Aleska acompañada de un muchachito de su misma edad, muy juntos, y antes de expresar alguna palabra observo sus caras, sus ojos inquietos y evasivos. Por fin él me dice: es que le quiero pedir que si me deja andar con Aleska, y ella se le pega más al cuerpo dándole su apoyo; los miro en silencio y recuerdo cuando yo hice lo mismo a su edad. Fue ese recuerdo el que me impulsó a decir mirando al chico: si los dos se quieren y tú me prometes cuidarla y respetarla, estoy de acuerdo y me hacen muy feliz, vayan con cuidado, terminé diciendo mientras los abrazaba. Ya unos pasos adelante,  Roky se voltea para decirme: gracias y si, la voy a cuidar.

En este revivir de tiempos y horas pasadas, un poco mareado por la falta de costumbre a los brindis y celebraciones, sentí de pronto el peso del libro, que deje cerrar despacio mientras el sueño me iba ganando…

¡Y de repente! se escuchan disparos, luego otros, luego ráfagas, y ya también  gritos y llantos; salto de la cama y salgo de mi cuarto con el corazón acelerado, veo a mi hermana salir de su habitación; solo una mirada, no fueron necesarias las palabras, salimos a toda prisa. A decir verdad ya no supe más de mí, no pude ya oír nada, sólo miraba el pavimento donde daría el próximo paso; no sé si corría, caminaba o flotaba, pero atravesé una puerta abierta…

-¡Ya cabrones payasos levántense!, párense ya, -les decía o creía decirles; ¡párense ya pendejos!, -vaya regalo que me dan de cumpleaños; pero no me hacían caso, seguían acostados en el piso, algunos con los ojos abiertos, otros cerrados. Uno estirado, otro encogido, uno triste otro como llorando, unos boca arriba, otros bocabajo… recorrí toda la casa y en cada habitación había alguien. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete; no sé cuántos conté o si los repetía; ocho, nueve… voy saliendo… no se mueven, diez, no se levantan… por qué no dicen nada… sigo saliendo… once, ¿qué pasa? ¿Por qué tanta gente? Gritos y llantos van y vienen, lamentos, espantosos llantos, y más gritos… y… ¿Aleska? y ¿Aleska? ¡Mi hija!…

…¡Se llevaron a Roky, se llevaron a Roky! -gritaba su madre con una voz y una cara que apenas recuerdo, descompuesta, entre el desespero y la impotencia.

Y como loco perdido, mirando sin ver, sintiendo sin sentir, camino sin ver el camino, buscando desesperado sin hallar a mí hija, recorro calles y baldíos cercanos mientras escucho los gritos y llantos de voces conocidas, que como puñaladas se me clavan,… y ¿Aleska?, mi hija, mi hija…

De regreso frente a la casa, donde corre la sangre hasta la calle, ahora veo y reconozco a mis vecinos, gritando, yendo y viniendo, llorando; les pregunto y no responden, me dicen algo y no les entiendo. Y de pronto la voz de una niña, como un ángel que me rescatara del infierno -¡Aleska está en la casa! ¡Aleska está en la casa!, -me dice señalando unas escaleras, que en un momento ya había subido, con mi corazón a punto de salirse y mi alma de un hilo a punto de romperse; entro a la habitación y nada, no esta…bajo no sé cómo esas escaleras eternas y vacías, inmensas; ya sin fe ni esperanza; y a mis espaldas oigo una voz que de siempre ha sido música, canto de pájaros sonidos de pianos y violines -¡papá, papá, aquí estoy! volteo y la miro, su carita la más triste en toda la vida que le conozco; se encuentra temblando, asustada, espantada, su cuerpo cubierto de sangre y polvo, despeinada, desecha… -¡perdóname, perdóname! -me dice mientras se me abraza fuerte, como para que nunca más la suelte. Abrazados nos dirigimos hacia nuestra casa, y vemos llegar carros con luces rojas y azules y a lo lejos se escuchan sirenas. Es inevitable ver a nuestros vecinos llorando desconsolados, y de momento la calle llenarse de soldados, policías federales y ambulancias, las que ya no hicieron falta, los heridos fueron trasladados por sus familiares valiéndose de la solidaridad de los cercanos. Al pasar, antes de la esquina encontramos unos cuerpos en el suelo, ya no quisimos detenernos; solo nos seguían voces diciendo: ¡está viva!, ¡Aleska está viva! entre ellas la de mi hermana, como iba a imaginar que todo el tiempo ella anduvo tras de mí.

LA CIUDAD Y LOS JUARENSES

Enero en Ciudad Juárez, la ciudad más poblada de Chihuahua, ubicada en la frontera con Texas.

Suele ser muy agradable al presentar vientos suaves y cielos despejados, se diferencia con respecto al otoño en que algunos días se presentan los fríos del norte que hacen descender las temperaturas hasta –3ºC En ocasiones se llegan a presentar nevadas en las partes altas de las serranías que rodean la ciudad, dejando al descubierto un espectacular paisaje que acompaña a los juarenses que atrapados en la “selva de concreto”, soportan la inclemencia de las tierras semidesérticas.

Es así que, en un suelo poco propicio para la agricultura, los colonizadores europeos, misioneros e indígenas aprendieron a desarrollar técnicas para conservar los alimentos ya que los periodos de cosecha eran breves y escasos. Así, nacen los chacales (maíz seco), chile pasado, conservas, frutas y  carnes deshidratadas; y el famoso “queso ranchero” hecho de leche de chiva o de res. Estos ingredientes adquieren un característico sabor que los diferencia de los naturales, agregando a los guisados chihuahuenses una sazón muy peculiar.

Un desierto de gran belleza, se localiza a 35 kilómetros al sur de Ciudad Juárez., en la parte norte del estado, es el de las Dunas de Samalayuca, admirable por la movilidad de las dunas, ya que la fuerza del viento eleva cortinas de una finísima arena blanca que al contacto con la luz del sol se torna dorada, creando así un bello espectáculo donde las arenas cambian de forma y de lugar.

Ciudad Juárez, una ciudad que lucha por liberarse de la maldición de la historia, marcada por eventos dolorosos a la sombra indiferente de sus gobernantes. Así las esperanzas de las víctimas de una y otra tragedia se desplomaron, impotentes ante la mirada impávida de quienes debían protegerlos.

Tal como lo expresó Luz María Dávila, madre de dos víctimas del nefasto momento en que no solo les han quitado la vida, sino la honra y la reputación a jóvenes que estudiaban y trabajaban; si la ausencia de la vitalidad en el cuerpo físico de sus hijos, le arrebató su propia vida; la presunción de ser delincuentes, sin pruebas, sin derecho a la defensa; dejan a esta madre y todos los padres de los  estudiantes, vagando entre pesadillas y encuentros con fantasmas que los sorprenden cada día, cada eterna noche de estos interminables siete años que para ellos no han pasado. Son un instante que los condujo a la muerte aunque sus cuerpos respiren y tengan que asumir sin remedio estos vacíos y esta cólera impotente de no ser reparados de acuerdo con lo que se supone justicia. Así los presuntos culpables hayan sido condenados a 240 años de cárcel y otros enviados al eterno infierno, no se puede presumir menos para los que han muerto después de dejar no solo 17 jóvenes bajo tierra, sino a los que mataron psicológicamente, afrontando la difamación y la calumnia, que ha quedado en el espacio que comparten sus nombres en la sociedad.

EL TESTIMONIO DE UNA VÍCTIMA SOBREVIVIENTE

Ya habían pasado días, muchos días. Ella, mi hija por su dolor y miedo había perdido su escuela, yo por mi coraje y descontrol mí trabajo; evitando en cada encuentro hablar de lo ocurrido esa terrible noche. Hasta que ese día, estando solos y encontrándose nuestras miradas, le dije:

-¿que mi niña?

-¿Que mi amor?

-¿Quieres hablar?

Ella, Acercándose con lágrimas en los ojos y abrazándome, dice, -perdóname por tanto dolor y sufrimiento que te causado… Recuerdo ahora todo papá: Estábamos contentos platicando, cantando y otros oyendo la música, se oyeron cómo unos cuetes pero todos seguimos igual. En eso, entró el papá de Roky a la casa diciendo ¡no salgan, no salgan!, hay muchos hombres armados afuera, y al momento se oyeron varios balazos y él cayó. En ese momento entró un hombre con pistola disparando y vi heridos a dos o tres junto a la puerta, algunos que estaban en el pasillo ya corrían hacia el patio de atrás, Roky se puso enfrente de mí pero dándome la espalda, yo lo abrace por la espalda. En ese momento un hombre enciende la luz, nos mira y dice avanzando y disparando -¡salgan las mujeres! y yo seguí abrazada, en ese momento entra otro hombre con una ametralladora y grita: ¡nos dijeron que a todos! y empieza a disparar, tras él entra otro más con pistola y fue hasta el otro cuarto, solo escuchábamos los disparos y los gritos de dolor. Yo sentí que Roky se doblaba y caía sobre mí; seguía escuchando disparos y gritos, se veía mucho humo.

Estando yo en el suelo, comencé a ver que algunos salían al ver la puerta de entrada despejada, Roky me empujaba y como ni podía hablar por el dolor, con la mirada me decía que  saliera; brincando algunos cuerpos y aun oyendo disparos salí en compañía de Federico y otras amiguitas, casi chocando con otro asesino más que venía entrando, quien ametralladora en mano solo se nos quedó viendo.

Ya en la calle por más que avanzaba no podía alcanzar a Federico, quien iba con las manos en el estómago y gritando ¡ayúdenme estoy herido! la persona que iba o sentía yo detrás de mí; después supe que nunca existió, nunca hubo alguien detrás de mí. Llegó Federico a su casa y yo tras él, por los gritos salió la mamá y se lo llevo en el carro al hospital 66. Quedé sola, con frío, buscando un lugar seguro, aunque ahora sentía como si jamás pudiera volver a estar a salvo. Con sangre en la ropa y mis oídos llenos de espantosos gritos y llantos, desesperada sin poder siquiera avisar a mi papá.

CONCLUSIONES

Nada, absolutamente nada levantará de la tumba a todos y cada uno de estos jóvenes, ni sacara de la cárcel mental en que permanecen sus familiares; un estado entre la vida y la muerte que los re-victimiza cada día que pasa, sin hallar justicia reparadora.

Esta masacre sin sentido, se suma a un capítulo vergonzoso y triste no sólo en la historia de Chihuahua sino de todo México, el de los feminicidios ocurridos en Ciudad Juárez, cuya mayor relevancia está marcada por la impunidad. Las mujeres trabajadoras de Juárez, que a partir de 1993 vieron cómo una oportunidad de trabajo y progreso, se convirtió en tragedia, cuando comienzan a ser víctimas de cruentos asesinatos y misteriosas desapariciones que a la fecha continúan impunes.

 

 

Olga.lucia.rios.a@gmail.com                                                                         Twitter: https://twitter.com/Olgaluciarios7
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